junio 20, 2020

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO.

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

 

SÍMBOLO SUPREMO DE RECONCILIACIÓN

La devoción al Sagrado Corazón tuvo su origen centrada en la persona de Jesucristo, que concebía el corazón como centro vital y expresión de su entrega y amor total. En tal sentido, la devoción al Sagrado Corazón refiere en particular a los sentimientos de Jesús, y en especial a su amor por la humanidad: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). Para el Antiguo Testamento, el corazón era la sede del amor y la totalidad de la persona humana. (El Leb de Adonay, es decir el corazón del Señor).

La devoción al Corazón de Jesús es de origen medieval. Sin embargo, la fuente más importante de la devoción, en la forma en que la conocemos actualmente, es santa Margarita María Alacoque de la orden de la Visitación de Santa María, a quien Jesús se le apareció. En dichas apariciones, Jesús le dijo que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían muchas gracias divinas: “Mira este corazón mío, que, a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio.”

 

En las profundidades del corazón humano se origina, bajo la acción de Dios, el proyecto mayor de cada uno de los hombres: reconciliarse consigo mismo, con los demás y con el Padre.

La Revelación que anuncia la Iglesia Católica sobre el Sagrado Corazón de Jesús, nos manifiesta que el Hijo único de Dios quiso asumir un corazón de carne, un corazón dividido, un corazón amante y misericordioso, precisamente para convertirse en el Mediador deseoso de la realización de nuestro triple proyecto de reconciliación. El Corazón de Jesús quiso conocer y experimentar la desintegración de la muerte, el odio de sus hermanos y un misterioso abandono de su Padre a fin de cumplir en nosotros y en el universo su voluntad reconciliadora con nosotros mismos, con nuestros hermanos, con Él mismo y con su Padre.

Aceptó detener en la muerte, sus latidos amorosos para darnos, con la Sangre y el Agua de sus sacramentos el Espíritu, que es la reconciliación en forma de remisión de los pecados, el Espíritu de amor que es el soplo vivificante del Corazón del Resucitado.

En la Sangre derramada de su Corazón traspasado Jesús unificó el proyecto divino de reconciliar a los hombres con su Creador, y el proyecto humano de reconciliarnos con los demás.  Cristo no murió para dispensarnos de sufrir y morir, sino para pudiésemos con Él, amar al Padre, incluso en medio de sufrimientos, de enfermedades, de muerte, a pesar de nuestras debilidades y pecados. De aquí, que la institución del sacramento de la Penitencia, es el signo eficaz de la reconciliación y reparación de nuestro corazón que nos permite acercarnos a la gracia de la Salvación.

El culto al Corazón de Jesús facilita el acceso a los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, que reparan nuestras debilidades y fortalece nuestro caminar. La reparación es el ejercicio activo de la justicia amorosa de Jesús que a través de su pasión, muerte y resurrección, renueva y consuela nuestra Salvación en los que creemos en Él.

En el Corazón de Jesús, el amor y la misericordia de Dios Padre, se hace visible y se cumple la palabra escrita en el evangelio de Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).  Renovar la devoción al Corazón de Cristo es volver a la fuente del mandamiento más importante, para demostrar que no hay palanca más eficaz para elevar el mundo que el amor cristiano. No hay motor más potente para mover a humanidad como amar con Cristo, pero hay que accionarlo, porque si esta quieto no mueve nada. Al corazón de Jesús hay que ponerlo en contacto con las miserias del hambre, la injusticia, la desesperanza y el desamor para derribarlos; hay que ponerlo en contacto con las miserias del hambre, de la pobreza, del subdesarrollo para se traduzca en alimento, trabajo y progreso, ya que el amor del Corazón de Jesús hoy se llama solidaridad.

EQUIPO DE PASTORAL

JUAN JOSÉ BELTRÁN