mayo 30, 2020

Fiesta del Espirítu Santo- Pentecostes

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES
 



FIESTA DEL ESPÍRITU SANTO

Semanas atrás, celebramos que Jesús había vencido a la muerte y que la Vida es la que tiene la última palabra. El domingo pasado, reflexionamos sobre su ascensión al cielo, recordando que no nos deja huérfanos, ni se despreocupa de nosotros; por el contrario, nos promete al "Paráclito”, al defensor, al Espíritu de la verdad cuya fiesta celebramos hoy.

Jesús promete el Espíritu Santo a sus discípulos y con ellos, a toda la Iglesia. Es el Espíritu que se presenta ante ellos, como lenguas de fuego y ráfaga de viento, llenándolos de su fuerza y posibilitando que esos hombres y mujeres temerosos sin la presencia del Resucitado, sean capaces de anunciar en todos los lugares la Buena Nueva. 
Pentecostés es la fiesta en que Dios renueva su alianza con su creación, enviando su Espíritu para que podamos continuar la misión de Jesús; de esta manera y durante tantos siglos, la Iglesia ha proclamado, con entusiasmo y convicción, el Evangelio en todos los confines de la tierra. Pentecostés no es cosa del pasado ni tampoco una narración sobre algo que les pasó sólo a los apóstoles, es una actualización permanente de la promesa de Jesús a sus discípulos y que hoy, en medio de un tiempo doloroso como lo estamos viviendo toda la humanidad, se vuelve más necesario para seguir asumiendo con fe y esperanza nuestra existencia. 
Hoy anhelamos que el Espíritu Santo nos colme con sus dones de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pidámosle que nos inunde con sus dones para vivir esta pandemia con fe y para que todos los dolores que nos agobian (el encierro y la distancia de nuestros familiares, la falta de trabajo, las necesidades de alimentación, el dolor de ver a nuestros seres queridos enfermos, la muerte, etc.) los vivamos con fortaleza, sabiendo que la única manera de seguir adelante es vivir en solidaridad, acompañándonos y cuidándonos unos a otros, en la certeza de que sólo en Cristo está nuestra esperanza.
El papa Benedicto XVI afirmó durante su pontificado: “El orgullo y el egoísmo del hombre siempre crean divisiones, levantan muros de indiferencia, de odio y de violencia. El Espíritu Santo, por el contrario, capacita a los corazones para comprender las lenguas de todos, porque reconstruye el puente de la auténtica comunicación entre la tierra y el cielo. El Espíritu Santo es el Amor”. 
Y continuaba diciéndonos el Papa como “en Pentecostés ocurrió algo totalmente opuesto a lo que había sucedido en Babel (Gen 11,1-9). En aquel oscuro momento del pasado, el egoísmo humano buscó caminos para llegar al cielo y cayó en divisiones profundas, en anarquías y odios. El día de Pentecostés fue, precisamente, lo contrario. Por eso mismo Pentecostés es el día que confirma la vocación misionera de la Iglesia: los Apóstoles empiezan a predicar, a difundir la gran noticia, el Evangelio, que invita a la salvación a los hombres de todos los pueblos y de todas las épocas de la historia, desde el perdón de los pecados y desde la vida profunda de Dios en los corazones. Pentecostés es fiesta grande para la Iglesia. Y es una llamada a abrir los corazones ante las muchas inspiraciones y luces que el Espíritu Santo no deja de susurrar, de gritar. Porque es Dios, porque es Amor, nos enseña a perdonar, a amar, a difundir el amor”. (homilía del 4 de junio de 2006)
Los invito para que, terminando el tiempo de Pascua con la solemnidad de Pentecostés, hagamos nuestra la oración que escribió el Cardenal Jean Verdier, arzobispo de París (1864-1940) para pedir la luz y ayuda al Espíritu Santo en todas las situaciones de la vida ordinaria, y en aquellos momentos más especiales que podamos atravesar en nuestro caminar.

“Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo:
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia santificación.
Espíritu Santo,
dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén”